Aquí debería mostrarse una vista general de Lanjarón
  • Índice
  • *Actualidad y presentación
    • * Actualidad
  • * Introducción
    • * Accesos
    • * Estadísticas
  • * Historia
  • * Qué ver
    • * Los cañones
    • * Los pilares
    • * El balneario
    • * El castillo
    • * Las ermitas
    • * La iglesia
    • * El barrio Hondillo
  • * De paseo
    • * Senderismo
  • * El agua
    • * Historia de las aguas
    • * Actualmente
  • * Fiestas y tradiciones
    • * De San Antón a San Marcos
    • * Semana Santa
    • * Hasta San Juan
    • * San Juan
    • * Segundo semestre
    • * Cuadro-resumen de fiestas
  • * Galería de fotos 1
  • * Galería de fotos 2
  • * Datos útiles

 

El autor

Varón, de 41 años, natural y residente en Lanjarón...
Pero el protagonista de la web no soy yo, sino el pueblo. Dediquémonos, pues, a aprender sobre él.
No obstante quien desee contactar conmigo puede hacerlo:
*a través de mi correo electrónico cliqueando aquí
*dejando un mensaje o un saludo, a lo que invito a todos mis lectores, en mi libro de visitas, que se abrirá cliqueando aquí.

Lanjarón y el agua

 Las aguas minero-medicinales se identifican con el nombre del pueblo de tal modo que buena parte de los españoles no saben que Lanjarón, mucho antes que una marca comercial, es una localidad granadina. A ello ha contribuido la política publicitaria de Aguas de Lanjarón S.A. y el enorme poder de penetración de la televisión que hacen que personas que de otra forma nunca habrían oído tal nombre, lo retengan en su mente como algo familiar. Realmente lamentable que la información sobre nosotros provenga de un anuncio televisivo.

 No fueron, sin embargo, descubiertas hasta época más bien tardía las aguas, posiblemente en la década de 1.770. Y más tardía aún fue su explotación comercial. Primeramente fueron los manantiales propiedad pública, municipal o de la diputación, para pasar por compra a doña María del Carmen Estévez Espinosa de los Monteros, duquesa de Santoña, en 1.875. Se puede decir que fue ella quien comenzó dicha explotación realizando para ello grandes inversiones que casi quedaron arruinadas en el terremoto de 1.884. No debía ser muy buena gestora la señora duquesa —acabó sus días en un establecimiento de beneficencia de Madrid— cuando nos encontramos sus bienes embargados y vendidos en pública subasta en 1.900, siendo adquiridos por don Silverio Carrillo. Fue la familia Carrillo la que realizó buena parte de las obras que hoy podemos ver en el balneario. Lo retuvo, dicha familia, hasta 1.946, pasando a manos de D. Manuel Gallardo que lo retuvo hasta los años 70, en que pasó a manos del Banco de Granada, que quebró —y eso que era un banco—, siendo comprado por el Banco Central que a su vez se lo vende a Aguas de Barcelona que finalmente se lo vende a la multinacional Danone. Esta empresa, en una inteligente maniobra comercial, desgajó el balneario de la planta embotelladora, que antes habían funcionado como un único negocio, quedando pues dos sociedades, Aguas de Lanjarón S.A. como gestora de la fábrica embotelladora, y Balneario de Lanjarón S.A., como propietaria del edificio del balneario y del negocio de tratamientos de balnearioterapia. Finalmente el grupo Danone vendió, en el 2.005, el 95% del balneario a un grupo inversor formado por Luis Espínola (antiguo directivo del propio grupo Danone) y el fondo de capital riesgo Andalucía Capital Desarrollo FCR, sus propietarios en el momento de escribir estas palabras —en 10 millones de euros, se dice, aunque los interesados no han revelado oficialmente la cifra—. La planta envasadora sigue perteneciendo al grupo Danone.

 Once mil clientes y una facturación de 3,5 millones de euros para el Balneario, y de 76 millones para la planta embotelladora (todo ello para el 2.004), son cifras que dan una idea del tamaño de ambas empresas.

 Muchas alabanzas han recibido las propiedades curativas de las aguas de Lanjarón pero si he de ser sincero, atento lector, quien escribe estas líneas no ha tenido nunca la oportunidad de apreciar esas propiedades y, dicha sea la verdad, dudo de que realmente sirvan para algo. En un ejercicio de honradez lo que yo percibo más bien es la gran frecuencia que afecciones como los cólicos nefríticos, popularmente conocidos como piedra del riñón, tienen entre mis paisanos. Tendría gracia que las aguas de Lanjarón no sólo no fuesen saludables sino más bien perjudiciales. Pero yo no soy especialista, doctores tiene la iglesia y a ellos deberemos atenernos. Entre los varios los manantiales que se explotan, cada uno de ellos con su indicación terapéutica que valoran los médicos antes de su aplicación, los más usados son:

  • Capilla (agua clorurada, bicarbonatada, ferruginosa).
  • San Vicente (agua oligometálica, de mineralización débil).
  • Capuchina (agua clorurada, bicarbonatada, sódico-cálcica).
  • Gómez (Agua clorurada sódico-cálcica, magnésica, ferruginosa, muy mineralizada).
  • Salud (Agua bicarbonatada clorurada, sódico-cálcica (ligeramente carbónica).

 La lista de afecciones que curan, de hacer caso a Aguas de Lanjarón, es amplísima, y van desde afecciones hepatobiliares, alergias, estreñimiento, etc., hasta lumbago, afecciones artrósico-reumáticas, y otras muchas. Además del uso del agua el balneario ofrece otros tratamientos, como baños de barro o masajes, todo ello supervisado por los correspondientes facultativos y aplicados por el personal de la empresa.

 No es una cuestión menor para la compresión de lo que es Lanjarón la evaluación del impacto de las aguas en la vida del pueblo. Se ha dicho de los negocios de explotación de las aguas, esto es, Aguas de Lanjarón y el Balneario, que generan, tanto directa como indirectamente, más del 50% del PIB del pueblo. Incluso se ha afirmado que desde que se descubrieron la historia del municipio está unida a la de dichos establecimientos comerciales. Pero por más que miro y remiro no consigo yo ver así las cosas. Ni la planta envasadora ni el balneario han podido, no ya evitar, ni siquiera minimizar, la hemorragia demográfica que desde los 60 —posiblemente desde antes— ininterrumpidamente hasta hoy aqueja la localidad, síntoma claro e inequívoco, allí donde los haya, de la pobreza, de la falta de vida, del pueblo. No han servido de nada estos negocios a los miles de agricultores que han dependido toda su vida de lo que el campo les diese, fuesen bien o mal las actividades derivadas del agua, y si el campo ha decaído, la única alternativa para la inmensa mayoría ha sido la emigración, ninguna otra.

 Además, aunque la fabrica de envasado de agua vive un cierto apogeo, no es por meritos propios ni de sus gestores, desde luego, sino por la propia dinámica de la sociedad, que hace del agua mineral un bien superior, de los que se consumen más a medida que aumenta el nivel de vida, con lo que el negocio se expande porque el propio mercado se expande, independientemente de lo bien o mal que lo hagan los gestores de Aguas de Lanjarón S.A.

 Por otra parte el balneario ha encontrado su veta no en una clientela natural, que demandase sus productos por el beneficio que los mismos le acarreasen, sino en una demanda totalmente artificial conseguida a través de las subvenciones que concede el Imserso a los bañistas. Efectivamente la inmensa mayoría de los clientes que acuden a tomar aguas son jubilados que proceden de los programas de balnearioterapia social, impulsados por el Ministerio de Asuntos Sociales. Los trabajadores y directivos del balneario realizan un trabajo cuya demanda, de no ser por papá Estado, sería bajísima y, para colmo, se ven a sí mismo como excelentes trabajadores y gestores. Así como una cría de mamífero succiona en sus primeros años de vida de las ubres de su madre, del mismo modo Balneario de Lanjarón depende del presupuesto de la nación, come de las subvenciones y vegeta, para beneficio de unos pocos que tienen allí sus cómodos puestos de trabajo, como un parásito instalado en el cuerpo social.

 Pero es que no sólo ni el balneario ni la planta hacen ningún bien a la inmensa mayoría de los lanjaronenses, es que realmente hacen daño. No hace mucho Aguas de Lanjarón S.A., la embotelladora, notando que su negocio se expandía mientas que el agua que daban sus fuentes no, acudió al ayuntamiento del pueblo en busca de un convenio por el que éste le cediese parte de sus propios recursos acuíferos a cambio de ciertos beneficios. Sin que mediase ninguna decisión por parte de los habitantes alguien decidió firmar tal convenio, con lo cual buena parte del agua que antes disfrutábamos los lugareños en nuestros grifos acaba ahora envasada y lista para su venta, mientras los demás debemos conformarnos con beber agua del río. Si unimos esto a hechos como que la presencia de estos negocios aumentan la desigualdad social del pueblo, pues unos cobran buenos sueldos mientras otros vemos nuestro nivel de vida congelado, algunos incluso disminuido, no es difícil apreciar el efecto negativo de los manantiales en la vida del pueblo. Ojalá nunca se hubiese descubierto aquí agua pretendidamente medicinal, ojalá nunca no existiesen ni Aguas de Lanjarón S.A. ni Balneario de Lanjarón S.A., algunos lo lamentarían, pero la mayoría estaríamos mejor.