| Introducción |
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Puerta occidental de la Alpujarra, antesala de la comarca, eslabón
entre el valle de Lecrín y la falda sur de Sierra Nevada, todo
eso ha sido llamado Lanjarón, y seguramente lo es, todo eso y
mucho más.Siendo más prosaicos se trata de un pueblo, que hoy no llega a los cuatro mil habitantes, perteneciente a la provincia de Granada, en España, y a su vez al partido judicial de Órgiva. Situado a 36º 55' 10" de latitud norte y 3º 28' 50" de longitud oeste —datos aproximados para el centro del casco urbano— y a una altitud sobre el nivel del mar de unos 650 m (659 metros exactamente al pie de la torre de la iglesia) se encuentra, pues, en una latitud media y a no demasiada altura, lo que le otorga un clima templado de tipo mediterráneo, con inviernos no muy fríos y veranos no excesivamente bochornosos. La proximidad de la costa, de la que dista 16 Km. en línea recta, permite que se note el efecto moderador del mar en las temperaturas. Las sequías nos asolan periódicamente, como al resto de la cuenca mediterránea, pero a cambio el sol es aquí especialmente generoso. Tres diferentes puntos de partida se pueden considerar para orientar a quién desee llegar a Lanjarón
· Si se procede de Granada capital —lo más usual— se deberá tomar la carretera A-44 (también llamada E-902) en sentido sur hasta la salida 164 (señalizada como de la Alpujarra), y tomar la A-348 que allí mismo comienza y en cuyo kilómetro 6 da acceso a Lanjarón. · Si se procede de la costa (por ejemplo de Almería, Málaga o Motril) se deberá tomar, igualmente, la A-44, esta vez en sentido norte, también hasta la mencionada salida 164. A partir de ahí el recorrido es el anteriormente descrito. · Más infrecuentemente procederá nuestro visitante de la Alpujarra. En ese caso no habrá problema para encontrar el pueblo pues la A-348, que atraviesa Lanjarón de parte a parte, es la misma que da acceso a toda la Alpujarra. Deberá seguirse esta carretera en sentido oeste hasta tropezar con nuestra localidad. El casco urbano tiene una disposición clarísimamente
longitudinal, articulado en torno a una calle principal, que va
variando de nombre —avenida de la Alpujarra, calle Real, Calle
Señor de la Expiración— aunque en realidad sea la misma,
en la que reside un tercio de los habitantes del municipio y que, con
más de dos kilómetros, resulta extrañamente larga
para un pueblo de estas dimensiones. Es la orografía del
terreno, pues Lanjarón está en una loma, la que obliga a
que la disposición sea de esta manera.El término municipal, que abarca 60,38 kilómetros cuadrados, es, posiblemente, el más quebrado de toda España, pues hay dentro del mismo una diferencia de altitud de casi 3.000 metros sobre el nivel del mar, comenzando en la llamada Junta de los Ríos, donde el Guadalfeo se encuentra con el río de Ízbor, a poco más de 200 metros de altitud, y coronando por encima de la laguna de Lanjarón, a casi 3.200 metros. Semejantes diferencias hacen que en la parte baja del término admita cultivos subtropicales mientras que la parte alta, que frecuentemente permanece nevada más de seis meses al año, es ya impracticable para el cultivo. La economía local ha estado tradicionalmente ligada a la agricultura, y así ha continuado hasta casi nuestros días. Tomó, no obstante, cierto auge la industria turística, a partir de la segunda mitad del siglo XX, más por las condiciones generales del país, recuérdese el desarrollismo de los sesenta, que por méritos propios de Lanjarón; y estando ligado, este auge turístico, a la explotación del balneario y al renombre de las aguas del pueblo. Los datos estadísticos más importantes de Lanjarón se resumen en el siguiente cuadro:
Efectivamente, si hay un rasgo distintivo en Lanjarón que ha hecho que su nombre sea conocido en toda España ese es el de las aguas. Están ligadas al mismo origen del pueblo, puesto que fue seguramente la abundancia de nacimientos lo que llevaría a un grupo de beréberes, los más probables fundadores de Lanjarón, a asentarse aquí. Sin embargo la explotación comercial de dichos nacimientos todavía tardaría y no se iniciaría hasta finales del siglo XIX , con la apertura de un balneario. El negocio se ampliaría en el siglo XX con la instalación de una planta embotelladora, que ha seguido agrandándose hasta convertirse en una de las instalaciones industriales más importantes de la provincia granadina. Ellos son quienes aprovechan el agua, ellos quienes les sacan beneficio. Aunque las estadísticas no lo reflejen, un hecho singular conviene destacar en Lanjarón, la fuerte presencia de la etnia gitana. Efectivamente suponen los gitanos alrededor del 10% de la población, proporción realmente considerable. Desconozco los motivos, si es que hay alguno, que han producido a esta situación, y no parece que este pueblo tenga más atractivo para los gitanos. Sin embargo el dato está ahí y no puede dejar de tenerse en cuenta. ¿Cuál es el futuro de Lanjarón? Lanjarón no tiene futuro. Quizá haga una mueca de sorpresa el lector al leer tan tajante afirmación, pero me reafirmo, Lanjarón está llamado a desaparecer. No hace falta ser un entendido en demografía para saber que una población que no crece, que se estanca, está en crisis, pero si leemos, como hemos podido comprobar en el cuadro estadístico, que la población desciende en un solo año un 5,41% no se trata de una crisis pasajera, se trata de una herida mortal. No es la falta de nacimientos lo que causa esta situación, como podría pensarse, es la continua hemorragia de jóvenes que, no encontrando trabajo aquí, no tienen más remedio que marcharse a buscar oportunidades donde se las ofrezcan. Como un animal herido que va tambaleándose en el bosque en busca de refugio hasta que finalmente muere, Lanjarón agoniza, herido de muerte, de una forma lenta pero inexorable. Posiblemente suceda en el futuro que los únicos que sigan aquí sean los que trabajan en la planta embotelladora y que el pueblo se convierta en un satélite de dicha fábrica con una población residual. Quizá incluso permanezca una cierta industria turística de verano, no permanente, vinculada a la explotación del balneario, que dé algo de vida a las calles de la población durante dicha estación y que convierta a Lanjarón en algo parecido a lo que es hoy la estación de esquí de Sierra Nevada, rebosante de vida en el invierno pero muerta en el verano, sólo que al revés. Quizá si los trabajadores de la planta embotelladora cambiasen de actitud, si se aviniesen a compartir parte de su relativa fortuna con otros, admitiendo trabajar menos horas, para que las trabajen los que ahora tienen que marcharse, quizá si eso fuese así, digo, pudiese remediarse algo la situación del pueblo. Pero no nos engañemos, tal cosa no va a ocurrir, dichos trabajadores se aferran a su pedacito de tarta, se conforman con su destino de operarios regularmente pagados, y no desean, de ningún modo, compartir su puesto con nadie. Así son las cosas y así van. Pero aún no ha muerto del todo Lanjarón, adentrémonos pues a conocerlo mientras quede algo de vida. |
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Puerta occidental de la Alpujarra, antesala de la comarca, eslabón
entre el valle de Lecrín y la falda sur de Sierra Nevada, todo
eso ha sido llamado Lanjarón, y seguramente lo es, todo eso y
mucho más.
