Aquí debería mostrarse una vista general de Lanjarón
  • Índice
  • *Actualidad y presentación
    • * Actualidad
  • * Introducción
    • * Accesos
    • * Estadísticas
  • * Historia
  • * Qué ver
    • * Los cañones
    • * Los pilares
    • * El balneario
    • * El castillo
    • * Las ermitas
    • * La iglesia
    • * El barrio Hondillo
  • * De paseo
    • * Senderismo
  • * El agua
    • * Historia de las aguas
    • * Actualmente
  • * Fiestas y tradiciones
    • * De San Antón a San Marcos
    • * Semana Santa
    • * Hasta San Juan
    • * San Juan
    • * Segundo semestre
    • * Cuadro-resumen de fiestas
  • * Galería de fotos 1
  • * Galería de fotos 2
  • * Datos útiles

 

El autor

Varón, de 41 años, natural y residente en Lanjarón...
Pero el protagonista de la web no soy yo, sino el pueblo. Dediquémonos, pues, a aprender sobre él.
No obstante quien desee contactar conmigo puede hacerlo:
*a través de mi correo electrónico cliqueando aquí
*dejando un mensaje o un saludo, a lo que invito a todos mis lectores, en mi libro de visitas, que se abrirá cliqueando aquí.

Qué ver

Los cañones

la cañonaAunque el gentilicio de Lanjarón es lanjaronenses se nos conoce entre los pueblos vecinos con el apelativo de cañoneros. ¿Por qué? Ha querido la leyenda explicarlo aludiendo a la férrea defensa que se su municipio hicieran durante la Guerra de la Independencia, frente a los franceses, los habitantes de aquella época, armados con una cañona fabricada por ellos mismos. Lamentablemente la realidad es mucho más prosaica. En 1.860 Isabel II y su esposo Francisco de Asís visitaron la localidad. Con motivo de tal visita se dispararon, a la entrada del pueblo, los cañonazos de ordenanza. Mucho debieron llamar la atención en los pueblos circundantes el volumen al que sonaron tales cañonazos puesto que, desde entonces, nos ha quedado el mote que antes refería.

  Pero no parece que nos haya molestado ese nombre pues no sólo no hemos hecho nada por evitar que nos sigan llamando así, sino que, al contrario, hemos hecho todo lo posible por dar fundamento a la leyenda. Quizá sea ese el motivo por el que se han instalado, en el término del pueblo nada menos que tres cañones, que el viajero-paseante, podrá ver.

 El primero se haya a la entrada del pueblo, antes de acceder al propio casco urbano, instalado en un mirador del castillo al que, desafiante, apunta. Se trata de la cañona que, pretendidamente, se usó contra los franceses, aunque, como he dicho, no ocurrió exactamente así.

cañón de la plaza El segundo está en la misma plaza del pueblo, junto al ayuntamiento. Se trata de un cañón naval del siglo XVIII regalado por el almirante jefe de la zona marítima del estrecho e instalado el veinte de octubre del año dos mil.



cañón del puente del ríoEl tercero se encuentra en la salida de la localidad, junto al puente sobre el río Lanjarón. Es un cañón moderno, del siglo XX, instalado también hace poco. Es totalmente accesible y hace las delicias de los niños que, subidos en él, imaginan batallas imposibles y luchas sin fin.



Los pilares, agua mineral libre

  El agua ha dado fama a Lanjarón y a la bondad de su agua debe el pueblo, seguramente, su propia existencia, pues no es nada descabellado pensar que fuese la abundancia de fuentes lo que llevara a aquellos beréberes, allá por el siglo XIII, a asentarse aquí.

 Hasta catorce pilares adornan las calles de Lanjarón y permiten al caminante saciar su sed. Pero de entre ellos, y dejando aparte las fuentes minero-medicinales, de las que se trata en el apartado El agua, tres pilares destacan en Lanjarón cuyas aguas manan directamente de manantiales —no de la red de abastecimiento del pueblo— y que merecen, pues, ser visitadas.

 La fuente de Las Adelfas, en la misma entrada del pueblo, al poco de pasar la cañona. No está hoy en la carretera principal sino a unos metros del la misma. Tiene tres chorros que dan una cantidad considerable de agua, salvo en épocas de persistente sequía. Si nos acercamos a ella en verano no será extraño que tengamos que esperar largo rato haciendo cola para poder beber.

 La fuente de San Roque, situada junto al campo de fútbol y no muy lejos de la recientemente construida (por decir algo) piscina municipal. Su situación algo escondida hace que no sea tan popular como la de las Adelfas, aunque su agua sea igualmente saludable, y posiblemente nos ahorre una larga espera en las colas veraniegas. Se accede a ella a través de la calleja que comienza junto a la ermita de San Roque, siguiendo siempre cuesta arriba hasta llegar al carril que conduce al campo de fútbol, fácilmente reconocible. A pocos metros se encuentra nuestro objetivo.

 Por último destaquemos la fuente del grillo, situada a la salida del pueblo, en un carril que se abre a la izquierda (si vamos en dirección a Órgiva) justo al pasar el puente del río Lanjarón, apenas unos metros adentro. Se dice que su agua es buena para los ojos recomendándose lavarlos en ella.

 También tenemos una fuente saltadera en Lanjarón, situada en la plaza, junto al ayuntamiento, aunque sólo está encendida a determinadas horas.

fuente de las adelfas     fuente del campo de fútbol fuente del grillo


El balneario y sus jardines

Edificio del balnearioSi provenimos de Granada o de Motril, al poco de entrar en el casco urbano del pueblo nos llamará poderosamente la atención un gran edificio que aparece a mano izquierda de la carretera y que rápidamente se identifica por el letrero que luce sobre su entrada como el balneario.

 No sabría decir si es el edificio más grande del pueblo —quizá lo sea la iglesia—, pero si es, desde luego, uno de los dos más grandes. Se trata de una construcción de los años 30 del pasado siglo, de ladrillo visto, en estilo neomudéjar y flanqueada por sendas torres. Fue mandado construir por D. Silverio Carrillo, que había comprado una edificación anterior, de proporciones mucho más modestas, a la duquesa de Santoña.

 La mayoría del edificio está dedicada a la atención, pagada por supuesto, de los agüistas, pero parte del mismo es libremente visitable. En la entreplanta podemos recorrer sin cortapisas la sala de los Manantiales, de considerables proporciones. Hasta ella se han llevado las aguas minerales de dos manantiales que pueden degustarse con libertad, debiendo llevarse, eso sí, cada uno su propio vaso o recipiente. Más raramente se abre al público, sobre todo con motivo de algún acontecimiento social, el salón bar casino, situado en la primera planta, dedicado también a la celebración de banquetes y ágapes. En verano sobre todo el fresco y la penumbra reinantes en la entreplanta invitan a la tranquilidad y el descanso.

Jardines del balneario Cerca del propio edificio del balneario se hallan los jardines de la Capuchina, así llamados por encontrarse en ellos el nacimiento del mismo nombre. Permanecen cerrados la mayor parte del día pero si da la casualidad de que estén abiertos a nuestra llegada merece la pena recorrerlos.

 Conviene no olvidar, por fin, que el edificio del balneario hoy en día no es más que uno entre un complejo que se extiende por encima del mismo y que se ha ido agrandando con el tiempo. Además, frente al propio balneario podemos ver la antigua planta embotelladora, en desuso desde que se construyó otra mucho más grande. Afea el conjunto de balneario y jardines esta nave abandonada que podría destinarse a algún mucho más estético uso.



El castillo

 Reconozco que llamar castillo a lo que hoy puede contemplarse es una exageración. Se trata de las ruinas de lo que en su tiempo debió ser un fortín amurallado desde el que vigilar tanto la entrada a las Alpujarras como el camino de Granada a la costa. Como digo se halla en estado ruinoso y sólo pueden verse parte de los muros. Es fácilmente accesible y el horario de visitas es libre.

el castillo de lejos el castillo de lanjarón castillo de Lanjarón


Las ermitas

 Cinco ermitas, cinco, son las que jalonan el término municipal de Lanjarón, algunas fuera del casco urbano aunque nunca demasiado lejos.

ermita de san isidro La de San Isidro es la primera, al menos entrando en el pueblo procedente del oeste, esto es, de Granada capital o de la costa. No es demasiado antigua, pues fue construida por la Hermandad de Labradores del pueblo allá por mil novecientos cincuenta y seis. Se trata de un edificio pequeño, como corresponde a su modesta condición de ermita, rectangular, rodeado de cipreses, sin ningún otro adosado, y al que se llega a ella tras ascender una rampa, debidamente escalonada, que hace el acceso, si no complicado, si al menos trabajoso. Allí se celebra, el día del santo, una misa multitudinaria que sigue a una pequeña romería que congrega a parte de los lugareños en una explanada que hay al pie de la susodicha rampa.

ermita de San Roque La de San Roque, construida en la primera mitad del siglo XIX, es la segunda que nos encontramos. Es la única enclavada dentro del casco urbano, en el mismo centro del pueblo. Contiene una hermosa talla del santo en su pequeño pero vistoso altar, aunque sólo puede contemplarse una vez al año, el día del mismo, el dieciséis de agosto. Sí que puede entreverse cualquier otro día pero inmersa en la oscuridad y a través de la exigua mirilla de la puerta, tributo que parece al cine de terror eso de colocar la imagen de una persona entre tinieblas y permitir que sea vista acercando la cara a un minúsculo ventanuco. No tiene romería San Roque, ni puede tenerla estando en el centro de la población, pero sí tiene celebración y todos los mediados de agosto aparece la ermita con las puertas abiertas de par en par y adornada con enormes ramos de flores. Se celebra una vigila en la víspera de su día.

ermita de san sebastián La ermita de San Sebastián está a la salida del pueblo, unos metros antes del puente sobre el río Lanjarón y al lado de la gasolinera. Aunque no es seguro sí es muy posible que se edificase en 1.789, a instancias de un viajero procedente de Granada que recibiría del santo algún favor. Es una edificación de tamaño algo más grande que las otras también encalada. Se halla bajo la advocación del propio patrón de Lanjarón, cuya festividad se celebra el 21 de enero, día en que sale en procesión su imagen. Como el resto tiene su correspondiente mirilla para mal ver el interior. En un pequeño pero cuidado altar se puede contemplar al santo recibiendo martirio a manos de sus capturadotes, las flechas clavadas en el cuerpo y la mirada hacia el cielo en acto de profunda súplica y anhelo por recibir la gracia divina. Puede que esté algo recargado el colorido de la faz de la imagen, pero pensar, por ejemplo, que el santo parece un metrosexual que se hubiera maquillado para salir un sábado por la noche, pensar eso, digo, sería una irreverencia. Es una talla de madera de dimensiones reducidas, como el propio trono sobre el que sale por las calles, pero tan susceptible de devoción como cualquier otra de las que haya en la localidad.

ermita de la cruz La ermita de la Cruz, situada en el tajo del mismo nombre, es la más visible y a la vez la de más difícil acceso. Es la más visible porque al estar sobre un tajo desde el que se contempla casi todo el casco del pueblo, es divisable desde muy lejos; y es la de más difícil acceso porque queda algo lejos del centro del pueblo —a unos veinte minutos— y porque hay que subir una empinada cuesta para llegar a la misma. Si nos decidimos seguro que el paisaje que contemplaremos nos merecerá la pena habernos dado la caminata. La edificación en sí no tiene ni más ni menos vistosidad que la del resto de ermitas y además está en un estado de alarmante deterioro, necesitada sin duda alguna de urgentes reparaciones. Fue erigida en 1.894 cuando un vecino mató de un disparo un avecilla y su sangre se esparció dejando un dibujo tan curioso que encendió la imaginación y devoción populares. Su día grande es el de la cruces de mayo, el tres del mismo mes, día en que se celebra una romería en la que los lugareños aprovechamos para merendar en el campo, por allí cerca. Al estar bajo la advocación de la propia Cruz no contiene ninguna talla, aunque si la sempiterna mirilla por la que ver el interior. Cuenta la leyenda que aquí, o por aquí cerca, organizaban las brujas reuniones nocturnas para celebrar extrañas bacanales de adoración a Satanás. No sé si será verdad pero retengamos este dato cuando la visitemos.

mini_lanj_060506_ermitapilar.jpg (8954 bytes) La ermita de la Virgen del Pilar se encuentra ya lindando con el término municipal de Órgiva, a unos tres kilómetros del propio Lanjarón. Se construyó en 1.909 y reconstruyó en 1.978. Es tan pequeña que si no se sabe que está allí es fácil que pase desapercibida. Cuenta no obstante con sus fieles devotos que suelen dejar, al pasar por su puerta, alguna vela encendida o algún donativo. Es la menos vistosa de las ermitas de Lanjarón pero no falta su día grande, no hace falta decir cuál, en el que la pequeña imagen es sacada por los contornos en procesión. (foto que, por cierto, no tengo)



La iglesia

torre de la iglesia retablo

 No está claro cuándo fue edificada la actual iglesia de Lanjarón. Se levanta en el mismo solar que ocupaba la anterior, quemada en 1.568 —véase la sección de historia— y que se trataba de la primera iglesia erigida aquí, no habiendo ningún templo previo a la ocupación africana. Seguramente tuvieron lugar, las obras, entre las dos últimas décadas del siglo XVI y el primer quinquenio del XVII, es decir, entre 1.580 y 1.605, estando ya para esta fecha, con seguridad, terminada. Fue mandada construir por el arzobispo de Granada Pedro de Castro y fue el maestro de obras el arquitecto Ambrosio de Vico.

 En el exterior, encalado, podemos ver la torre adosada de estilo mudéjar.

 El interior del edificio consta de tres naves. La central tiene una longitud de 30,60 m y una anchura de 7,90m, con múltiples capillas a ambos lados. Se adorna la nave central con un rico artesonado mudéjar y llama la atención la armadura de madera del techo, de par y nudillo con tirantes dobles apoyados en ménsulas. Tuvo un órgano, colocado en la tribuna, y una baranda de hierro forjado que separaba el presbiterio, elementos ambos hoy desaparecidos.

 Pero lo que más llama la atención del interior es, sin duda, el magnífico retablo. Se trata de una obra churrigueresca salida de la mano de José de Narváez. Consta de dos cuerpos que arrancan de tres mesas de altar. El tabernáculo arranca de la primera mesa —construida por cierto con mármol local, extraído de la bancalá— y en el mismo podemos ver el sagrario, que luce en su portada una tabla del niño, obra de José el Risueño. El segundo cuerpo lo integran cuatro lienzos dispuestos de forma escalonada que representan a San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, los más bajos, y a la Dolorosa y San Juan Evangelista los más altos. Se completa con un dosel a todo lo largo en el que están grabados los escudos de armas del arzobispo que mandó construir el templo. Hay un ambicioso proyecto para restaurar este excelente retablo, restauración indudablemente necesaria a la vista del estado de conservación en que actualmente se haya.

 Las capillas laterales se han ido haciendo y restaurando con el tiempo, por lo que no se puede decir que sean todas de la misma época. Algunas de ellas necesitan también una restauración. A la derecha del templo distinguimos cinco capillas:

  • La primera, de 1876, contiene un retablo moderno con la Virgen Milagrosa y un San Francisco de Asís de 1623, entre otras figuras.
  • La segunda es la del Cristo de la Expiración, del mismo año que la anterior. Contiene un Cristo crucificado y, frente a él, la que quizá sea la mejor imagen del templo, un San Juan Evangelista.
  • La tercera es la capilla de Santa Ana, en la que podemos ver a la santa con la Virgen y el Niño, de las más antiguas de la iglesia. También podemos ver un Santo Entierro, además de otras figuras.
  • La cuarta es la del Perpetuo Socorro, de igual interés que las anteriores.
  • La quinta y última es la del Sagrado Corazón, que contiene un retablo del siglo XVIII.

A la izquierda podemos ver otras cinco capillas:
     
  • La capilla del Bautismo que contiene, efectivamente, una pila bautismal, hoy en desuso, situada en el hueco de la torre.
  • Una capilla con altar neogótico procedente de Granada.
  • La capilla de San Vicente Ferrer, imagen de finales del siglo XVIII
  • Una cuarta capilla con una imagen de la Virgen María.
  • Una quinta y última capilla de 1617.

 Aunque no puede visitarse merece la pena que mencione el convento y colegio de la Santísima Trinidad, situado a espaldas de la iglesia. Se construyó como palacete para residencia de la duquesa de Santoña, motrileña y dueña por entonces del balneario, a finales del siglo XIX, aunque dejó de ser de su propiedad tras el embargo y venta de sus bienes, pasando a manos de la familia Carrillo que a su vez lo cedió a la orden de las Hijas de la Caridad, en la que profesaba una de sus miembros, sor Matilde Carrillo, fundadora de dicho convento y colegio. Recuerda su memoria una placa que se puede ver al pie de la torre de la iglesia. Allí estudiaron sus primeras letras buena parte de los actuales lanjaronenses. Su más renombrada maestra fue Sor Joaquina, a quien sus antiguos alumnos levantaron un monolito en la placeta del Revellín, junto a la propia iglesia. Tras haberse hecho cargo el Estado de la educación de los niños ha perdido parte de sus sentido la existencia de este colegio y hoy alberga a niños procedentes de familias desestructuradas, inmigrantes o de muy escasos recursos.

El Barrio Hondillo

 El Lanjarón antiguo, el más primitivo, el que mejor conserva, dentro de lo posible, el estilo de vida de los primigenios habitantes de la localidad, nos sale al paso en el llamado Barrio Hondillo. Se trata de un conjunto de calles, empedradas, sin asfalto, poco útiles para el tránsito de vehículos debido a su estrechez, que retienen el estilo viejo, añejo, de las construcciones andaluzas. Calles angostas y callejones sin salida adornados con cientos de macetas componen un laberinto en el que adentrarse para perderse y no salir hasta mucho después. Su calle principal comienza en la plaza de la Constitución y se adentra, casi recta, entre las casas que caprichosamente unas veces la ensanchan más y otras menos. Entre fachadas encaladas y casi siempre en sombra, pilares y maceteros saludan al visitante, los niños juegan revoltosos en las plazoletas y, según las horas, las vecinas barren, tranquilas, la calle frente a sus puertas. Merece la pena sumergirse en este barrio por unos minutos y pasear tranquilos.

 Eso es lo que se debería escribir para animar a alguien a visitarlo. La verdad, sin embargo, es que se trata de un barrio de construcciones más bien humildes, no degradado, ni mucho menos, pero si relativamente al margen de los avances, por pocos que sean, que se han ido produciendo en el tiempo. No obstante sigo pensando que merece la pena darse un paseo por él. Además últimamente ha tomado cierto auge debido a las adquisiciones de casas por parte de ciudadanos ingleses, algunos de los cuales se han afincado aquí.

barrio hondillo placetilla colorá